Carmela Berrocal Briales es una mujer comprometida con ella misma y con la sociedad. Quizás tenga que ver que se crió en dos de las barriadas más humildes, dignas y activas de la época, La Bajadilla y Las Colinas, barriadas de gente trabajadora y luchadora en las que el compañerismo y la confianza de su gente daban pie a cuidarse unos a otros.

La barriada de La Bajadilla la vio crecer junto a otros niños que llenaban de risas, juegos y alegría sus calles coloridas por los arriates rebosantes de flores, sin miedo a que nada pudiera pasar. Aquellos tiempos en los que podías dejar la puerta de la casa abierta para recibir, de buen agrado, a todo aquel que se quisiera pasar.

Más tarde la barriada de Las Colinas sería el lugar que acogería su adolescencia, esa época tumultuosa en la que te conviertes en un carrusel lleno de emociones, de conflictos y contradicciones, esa época en la que no sabes con claridad lo que quieres o lo que no quieres, esa época en la que no sabes si reir o llorar… y aunque el cambio fue duro para Carmela, pronto encontró su refugio en forma de parque, un lugar donde podía ver las estrellas y soñar… y entonces llegó el teatro.

Sentada en el patio de butacas del salón de actos del colegio de Los Salesianos, Carmela Berrocal se enamoró completa e inmediatamente del teatro. Quería aprenderlo, quería mostrarse ante el público de una y mil formas diferentes. Ese enamoramiento fue creciendo con la ayuda de unos excelentes profesores, José Luis Muñoz y María Eugenia Ferrera, que fueron los culpables de que el teatro atrapase para siempre a Carmela.

Gracias al teatro, todo esa montaña rusa de emociones en las que nos vemos envueltos en la adolescencia se fue regulando, y poco a poco le ayudó a saber expresarse, a ser más social y empática con las personas. Unas cualidades que aprendió entonces y que aún conserva.

Ese fue el comienzo, y poco a poco el instinto por explorar y crecer en otras disciplinas fue aumentando, y así Carmela se embarcó en el estudio de otras actividades corporales y emocionales como el masaje shiaztu y el ayurveda (masaje hindú). También estudió técnicas en educación emocional, pilates, expansión o biodanza, todo ello sin dejar atrás sus cursos de teatro con los que día a día ampliaba sus conocimientos.

Junto a la Coordinadora Barrio Vivo, Carmela comenzaría otro viaje maravilloso. Esta entidad sin ánimo de lucro de lucha contra la drogopendencia le abrió sus puertas para que ella, a través del teatro, pudiera apoyar y orientar a aquellas personas con problemas dentro del mundo de la toxicomanía, creando talleres de prevención en las barriadas más marginales de la ciudad. Así, comenzó a formar a voluntarios en el ámbito social, a crear espectáculos de calle y a organizar un equipo de monitores teatrales que impartirían talleres en diferentes barriadas de Algeciras. Se crean semanas teatrales infantiles-juveniles donde los más jóvenes conviven desde pequeños en un ambiente sano y cultural.

Durante un tiempo también participa con un grupo de voluntarios desarrollando cooperación internacional en el Norte de África. Además, preside la Asociación Cultural Los Caracoles donde comparte actividades como la biodanza, el teatro, pilates y expasión o masajes, aspectos que también han llevado al ámbito de la educación acercándolas a diferentes colegios e institutos de la ciudad. También da formación de yoga infantil impartiendo un módulo de biodanza. En el pueblo vecino de Los Barrios, Carmela trabaja desde hace ya tres años con mujeres en lo que llaman “círculos biocreativos”.

La biodanza junto al teatro se convierte en parte fundamental de su vida, acompañándola en los buenos momentos y en los no tan buenos, pero siempre facilitándole su expresión y la gestión de sus emociones. Con ella nace una nueva oportunidad para nuestra protagonista de conocerse y reinventarse, potenciando así sus habilidades y sus dones sociales.

“Los que practicamos biodanza obtenemos semanalmente un espacio de nutrición, reeducación afectiva, restauración de nuestra identidad, autoestima, fortalecimiento de nuestros vínculos afectivos, conciencia corporal, aumento del respeto por la vida en todos sus órdenes: respeto al propio ritmo, al de los demás y al del entorno“, asegura Carmela.

Nuestra protagonista es una mujer apasionada, y además de disfrutar de su trabajo, en su día a día está rodeada de elementos y personas que la hacen ser especial y exprimir cada momento. Su pasión por la vida, por ser mujer, hija, hermana, madre y compañera. Su pasión por aprender cada día a ser mejor persona y a ayudar a otras que lo necesiten en su transformación social o anímica son, en definitiva, las cualidades que hacen que Carmela Berrocal sea la mujer que es hoy. Una mujer que sueña con un mundo más solidario, ecológico y afectivo, con más autoconocimiento y con una gran dosis de amor hacia nosotros mismos y hacia todos los seres del mundo.

 

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